Cómo detectar el engaño

Predicado el 17 Abr 2016, Predicador: Albert Crespo

Jeremías 8:4-9:24La Biblia de las Américas (LBLA)

4 Y les dirás: “Así dice el Señor:

‘Los que caen ¿no se levantan?
El que se desvía ¿no se arrepiente[a]?
5 ‘¿Por qué entonces este pueblo, Jerusalén,
se ha desviado en continua apostasía?
Se aferran al engaño,
rehúsan volver.
6 ‘He escuchado y oído,
han hablado lo que no es recto;
ninguno se arrepiente de su maldad,
diciendo: “¿Qué he hecho?”
Cada cual vuelve a su carrera,
como caballo que arremete en la batalla.
7 ‘Aun la cigüeña en el cielo
conoce sus estaciones,
y la tórtola, la golondrina y la grulla
guardan la época de sus migraciones[b];
pero mi pueblo no conoce
la ordenanza del Señor.
8 ‘¿Cómo decís: “Somos sabios,
y la ley del Señor está con nosotros”?,
cuando he aquí, la ha cambiado en mentira
la pluma mentirosa de los escribas.
9 ‘Los sabios son avergonzados,
están abatidos y atrapados;
he aquí, ellos han desechado la palabra del Señor,
¿y qué clase de sabiduría tienen?
10 ‘Por tanto, daré sus mujeres a otros,
y sus campos a nuevos dueños[c];
porque desde el menor hasta el mayor
todos ellos codician ganancias;
desde el profeta hasta el sacerdote
todos practican el engaño.
11 ‘Y curan a la ligera el quebranto de la hija de mi pueblo,
diciendo: “Paz, paz”,
pero no hay paz.
12 ‘¿Se han avergonzado de la abominación que han cometido?
Ciertamente no se han avergonzado,
tampoco han sabido ruborizarse;
por tanto caerán entre los que caigan,
en la hora de su castigo serán derribados’ —dice el Señor.
13 ‘Ciertamente los destruiré[d]’ —declara el Señor—;
‘no habrá uvas en la vid,
ni higos en la higuera,
y la hoja se marchitará;
lo que les he dado, pasará de ellos.’”
14 ¿Por qué estamos aún sentados?
Congregaos, y entremos en las ciudades fortificadas,
y perezcamos[e] allí,
pues el Señor nuestro Dios nos hace perecer[f]
y nos ha dado a beber agua envenenada,
porque hemos pecado contra el Señor.
15 Esperábamos[g] paz, y no hubo bien alguno;
tiempo de curación, y he aquí, terror.
16 Desde Dan se oye el resoplido de sus caballos;
al sonido de los relinchos de sus corceles[h],
tiembla toda la tierra;
vienen y devoran la tierra y cuanto hay en ella,
la ciudad y los que en ella habitan.
17 Porque he aquí, yo envío contra vosotros serpientes,
áspides contra los cuales no hay encantamiento,
y os morderán —declara el Señor.
Lamento sobre Sion
18 Mi tristeza no tiene remedio[i],
mi corazón desfallece en mí.
19 He aquí la voz del clamor de la hija de mi pueblo desde una tierra lejana:
¿No está el Señor en Sion? ¿No está su rey en ella?
¿Por qué me han provocado con sus imágenes talladas, con ídolos extranjeros[j]?
20 Pasó la siega, terminó el verano,
y nosotros no hemos sido salvados.
21 Por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo estoy quebrantado;
ando enlutado, el espanto se ha apoderado de mí.
22 ¿No hay bálsamo en Galaad?
¿No hay allí médico?
¿Por qué, pues, no se ha restablecido[k] la salud[l] de la hija de mi pueblo?
9 [m]Quién me diera que mi cabeza se hiciera agua,
y mis ojos fuente de lágrimas,
para que yo llorara día y noche
por los muertos de la hija de mi pueblo.
2 [n]Quién me diera en el desierto
un albergue de caminantes,
para dejar a mi pueblo
y alejarme de ellos.
Porque todos ellos son adúlteros,
una asamblea de traidores.
3 Tensan su lengua como su arco;
la mentira y no la verdad[o] prevalece en la tierra;
porque de mal en mal proceden,
y a mí no me conocen —declara el Señor.
4 Guárdese cada uno de su prójimo,
y no confíe en ningún hermano;
porque todo hermano obra con engaño[p],
y todo prójimo anda calumniando.
5 Cada uno engaña a su prójimo,
y no habla la verdad,
han enseñado sus lenguas a hablar mentiras;
se afanan por cometer iniquidad.
6 Tu morada está en medio del engaño;
por causa del engaño rehúsan conocerme —declara el Señor.
7 Por tanto, así dice el Señor de los ejércitos:

He aquí, los refinaré y los probaré,
porque ¿qué más puedo hacer con la hija de mi pueblo?
8 Saeta mortífera es su lengua,
engaño habla;
con su boca habla cada uno de paz a su prójimo,
pero dentro de sí le tiende emboscada.
9 Por estas cosas ¿no los castigaré? —declara el Señor.
De una nación como ésta
¿no se vengará mi alma?
Amenaza de ruina y destierro
10 Alzad[q] por los montes lloro y lamentación,
y una elegía por los pastos del desierto,
porque han sido desolados; nadie pasa por ellos,
ni se oye el bramido del ganado;
desde las aves del cielo hasta las bestias han huido, se han ido.
11 Haré de Jerusalén un montón de ruinas,
una guarida de chacales,
y de las ciudades de Judá una desolación, sin habitante.
12 ¿Quién es el hombre sabio que entienda esto? ¿A quién ha hablado la boca del Señor que pueda declararlo? ¿Por qué está arruinado el país, desolado como un desierto sin que nadie pase por él? 13 Respondió el Señor: Porque han abandonado mi ley que puse delante de ellos, y no han obedecido mi voz ni andado conforme a ella, 14 sino que han andado tras la terquedad de sus corazones y tras los baales, tal como sus padres les enseñaron. 15 Por tanto, así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: He aquí, yo daré de comer ajenjo a este pueblo y le daré de beber agua envenenada. 16 Los esparciré entre naciones que no conocieron ni ellos ni sus padres, y enviaré tras ellos la espada hasta aniquilarlos.

17 Así dice el Señor de los ejércitos:

Considerad, llamad a las plañideras, que vengan;
enviad por las más hábiles, que vengan,
18 que se apresuren y eleven una lamentación por nosotros,
para que derramen lágrimas nuestros ojos
y fluya agua de nuestros párpados.
19 Porque voz de lamentación se oye desde Sion:
“¡Cómo hemos sido arrasados!
En gran manera estamos avergonzados,
porque tenemos que abandonar la tierra,
porque han derribado nuestras moradas.”
20 Oíd, pues, mujeres, la palabra del Señor,
y reciba vuestro oído la palabra de su boca;
enseñad la lamentación a vuestras hijas
y la endecha cada una a su vecina.
21 Porque la muerte ha subido por nuestras ventanas,
ha entrado en nuestros palacios,
exterminando a los niños de las calles,
a los jóvenes de las plazas.
22 Di: Así declara el Señor:

“Los cadáveres de los hombres caerán
como estiércol sobre la faz del campo,
y como gavillas tras el segador,
y no habrá quien las recoja.”
23 Así dice el Señor:

No se gloríe el sabio de su sabiduría,
ni se gloríe el poderoso de su poder,
ni el rico se gloríe de su riqueza;
24 mas el que se gloríe, gloríese de esto:
de que me entiende y me conoce,
pues yo soy el Señor que hago misericordia,
derecho y justicia en la tierra,
porque en estas cosas me complazco —declara el Señor.