Esta enfermedad es para la Gloria de Dios II

Predicado el 14 Jul 2013, Predicador: Daniel Rodríguez

17 Cuando llegó Jesús, halló que llevaba ya cuatro días° en el sepulcro.

18 Y Betania estaba cerca de Jerusalem, como a quince estadios;°

19 y muchos de los judíos habían acudido a Marta y Miriam para consolarlas° respecto al hermano.

20 Así que cuando Marta oyó: Jesús viene, salió a su encuentro; pero Miriam permanecía sentada en la casa.

21 Entonces Marta dijo a Jesús: ¡Señor, si hubieras estado° aquí, no habría muerto mi hermano!

22 Pero yo sé que aun ahora, todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.

23 Jesús le dice: Tu hermano se levantará.

24 Marta le dice: Sé que se levantará en la resurrección, en el día postrero.

25 Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá;

26 y todo el que vive y cree en mí, de ningún modo morirá eternamente. ¿Crees esto?

27 Le dice: Sí, Señor, yo he creído que Tú eres el Ungido, el Hijo de Dios, el cual había de venir al mundo.

Sus lágrimas

28 Dicho esto, fue y llamó a su hermana Miriam, diciéndole° en secreto: El Maestro está aquí y te llama.

29 Cuando ella lo oyó, se levantó de prisa y fue° a Él;

30 pues Jesús todavía no había llegado a la aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado.°

31 Entonces los judíos que estaban en la casa con ella y la consolaban, viendo que Miriam se levantó de prisa y salió, la siguieron, pensando° que iba al sepulcro a llorar allí.

32 Cuando Miriam llegó adonde estaba Jesús, al verlo cayó a sus pies, y le dijo: ¡Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano!

33 Jesús entonces, cuando la vio llorando, y a los judíos que habían llegado con ella, se conmovió profundamente en su espíritu, y se turbó,

34 y dijo: ¿Dónde lo habéis puesto? Le dicen: Señor, ven y ve.

35 Jesús lloró.

36 Decían entonces los judíos: ¡Mirad cuánto lo amaba!

37 Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que restauró los ojos del ciego, hacer también que éste° no muriera?

Resurrección de Lázaro

38 Jesús pues, profundamente conmovido otra vez en sí mismo, va al sepulcro. Era una cueva, y una piedra estaba recostada contra ella.

39 Jesús dice: Quitad la piedra. Le dice Marta, la hermana del que había muerto: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días.

40 Jesús le dice: ¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios?

41 Quitaron pues la piedra.° Entonces Jesús alzó los ojos a lo alto, y dijo: ¡Padre, te doy gracias porque me has oído!

42 Yo sabía que siempre me oyes, pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que Tú me enviaste.

43 Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera!

44 Y el que había muerto salió, atados los pies y las manos con vendas. Y su rostro había sido envuelto en un sudario. Jesús les dice: ¡Desatadlo y dejadlo ir!

Juan 11: 17-44